Protocolo de Kioto
El Protocolo de Kioto se inscribe dentro del Convenio Marco de la ONU sobre Cambio Climático. Pide que los países industrializados —excepto los EE.UU., que no participan— reduzcan sus emisiones de gases que contribuyen al calentamiento del globo en aproximadamente un 5% por debajo de los niveles de 1990 para el período 2008-2012.
Con la ratificación de la Cámara Baja del Parlamento ruso (Duma) del Protocolo de Kioto se obtendrá la mayoría necesaria para que la Convención para la Reducción de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero entre en vigor (noticia). Con la adhesión de Rusia, que emite el 17,4% de dichos gases, quedaría superado el mínimo requerido para que el tratado entre en vigor, ya que los 126 países que lo han aprobado suman un 44,2% de la emisión global.
Si vemos los países que generan más CO2, podremos observar que Estados Unidos (con muchísima diferencia) es el mayor productor y el único de los país más desarrollados que no lo ha ratificado. Durante la administración de George W. Bush se puede percibir un gran desinterés en cuestiones medio ambientales (links 1 y 2). La raíz del desinterés es puramente económica y aunque algún ingenuo pudiera creerlo, esta situación no va a ser enmendada tras una derrota de Bush en la elecciones ya que Kerry ha manifestado que no apoyará el Protocolo de Kioto.
Las políticas que protegen los recursos naturales contribuyen a crear sociedades más justas. Como podemos ver en el informe de recursos mundiales 2004, más de 350 millones de personas dependen directamente de los bosques para sobrevivir. Es importante mantener un equilibrio para conseguir un desarrollo sostenible y dar a nuestros hijos un mundo mejor del que dejamos. Dejando facturas medioambientales imposibles de pagar con dinero, contribuimos a empobrecer el destino del planeta y es hora de que empecemos a tomar conciencia. Y que con nuestros votos y los medios que tenemos a nuestro alcance hagamos entenderselo a nuestros gobernantes.




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